martes, 1 de febrero de 2011

Por tí pongo la mano en el agua

Por tí, pongo la mano en el agua. Por precaución. Por si la pongo en el fuego, y resulta que me quemo. No es que no confíe en tí, es sólo que le tengo cariño a mi mano. No vaya a ser que, en una de esas, por casualidad, y siendo tú totalmente inocente, la fastidies, y me quede sin mano. Que sólo tengo dos.
No estoy diciendo que vayas a meter la pata, pero, si por alguna circunstancia inexplicable lo hicieras, mi mano estaría protegida. Tan sólo quiero estar segura de que saldré ilesa. No te preocupes, ya sé que no te vas a equivocar, son simples medidas de seguridad. Por estar tranquilos.
No te molestes. No pretendo dar a entender que no me la jugaría por tí, pero hoy, que Venus y Marte están alineados en una posicion extraña; hoy, que me he levantado con el pie izquiero, he roto cinco espejos y he visto un gato negro; hoy, que he dejado de creer en supersticiones, no voy a apostar por otro que no sea yo. Lo entiendes, ¿verdad? Que hoy ando falta de fe. Voy preparando el agua mientras reflexionas sobre lo que te he dicho.
Fíjate, fíjate que buena soy que por tí pongo la mano en el agua. Otros no pondrían ni la uña.


No hay comentarios: