martes, 1 de febrero de 2011

Por tí pongo la mano en el agua

Por tí, pongo la mano en el agua. Por precaución. Por si la pongo en el fuego, y resulta que me quemo. No es que no confíe en tí, es sólo que le tengo cariño a mi mano. No vaya a ser que, en una de esas, por casualidad, y siendo tú totalmente inocente, la fastidies, y me quede sin mano. Que sólo tengo dos.
No estoy diciendo que vayas a meter la pata, pero, si por alguna circunstancia inexplicable lo hicieras, mi mano estaría protegida. Tan sólo quiero estar segura de que saldré ilesa. No te preocupes, ya sé que no te vas a equivocar, son simples medidas de seguridad. Por estar tranquilos.
No te molestes. No pretendo dar a entender que no me la jugaría por tí, pero hoy, que Venus y Marte están alineados en una posicion extraña; hoy, que me he levantado con el pie izquiero, he roto cinco espejos y he visto un gato negro; hoy, que he dejado de creer en supersticiones, no voy a apostar por otro que no sea yo. Lo entiendes, ¿verdad? Que hoy ando falta de fe. Voy preparando el agua mientras reflexionas sobre lo que te he dicho.
Fíjate, fíjate que buena soy que por tí pongo la mano en el agua. Otros no pondrían ni la uña.


Empieza lo que termines.

Por todas las veces que
te has equivocado y has
querido
otra oportunidad.
Por todas
las veces

que has
escrito
fin an-
tes de
tiempo.
Y por

todas las ve-...TTermina................termines.
ces que no........lo que empieces......Alcanza la
lo has hecho........y empieza lo que...incoheren-......cia

Carta de despedida de un codependiente

Querida mitad siempre adherida:

Me voy a ir. Lejos, muy lejos.
A lo mejor me ves a tu lado. Pero no estaré. Esa parte de mí a la que tú tanto quieres se habrá ido.
Yo seré feliz. No es que no lo sea a tu lado, pero esto completará mi felicidad.
Lo siento. Por favor, no te pongas triste. Yo también te echaré de menos.
Es posible que me odies. No te podré culpar.
Sólo puedo decirte algo que quizá te consuele: en algún momento, de alguna manera y en nuestro lugar, volveré a por tí.
Los placebos ya no sirven. Tengo que huir. Tenemos que huir.

Tu y yo.
Tuyo.
Yo.
Juntas.

Sensación de libertad

Sin estar preso te sientes en una jaula. Sin ser esclavo, no obedeces a tu propia voluntad. Entonces encuentras ese invisible resquicio, esa pequeña ventana; ese escondido lugar. Ese mundo en el que nada importa, y donde sólo puedes ser feliz. Y lo encuentras del modo más absurdo, cuando otros jamás podrían verlo. Y vuelves allí todos los días. A través de la imaginación. A través de la esperanza. A través de la lucha. Lo descubres, lo quieres, lo vives, lo amas. Y entonces la pierdes. Tu sensación de libertad.
No es una droga. No que tú sepas. No es perjudical para tu salud. Pero si dejas de tenerla, te cuesta seguir adelante. La necesitas. Pero, como suele suceder con lo que realmente te importa, una vez que la usas, no puedes volver a tenerla. ¿A dónde se ha ido?