martes, 18 de enero de 2011

Ensoñación

En ese lugar, hay un árbol caído que el musgo ha cubierto casi por completo. Te gusta sentarte en él, e incluso a veces te tumbas y te dejas vencer por el sueño. Cuando despiertas, alguien te ha arropado con una manta cuyo tacto te es familiar. Es una manta infantil, de éstas que se usan en la cuna y varios años después, porque los bebés les toman cariño.
Pero allí hay algo más que árboles. Hay un cielo, un cielo limpio, azul, y siempre despejado. Es muy hermoso pero a ti te da miedo mirarlo. Realmente no quieres saber qué hay al otro lado. No quieres regresar, no tan pronto.
Como no puedes mirar hacia arriba, tus ojos siempre enfocan el suelo, de hierba verde, húmeda y tierna. Te arrodillas y apoyas la oreja, para escuchar el sonido de la tierra. Pero suele ser un sonido que nunca llega, porque allí, en el suelo, te sientes mucho más cerca de la realidad. Y es en ese momento cuando descubres que tampoco puedes mirar hacia abajo.
Entonces, ¿qué te queda? Alzas la vista hacia el presente, pero hay demasiados árboles como para vislumbrar el camino.

2 comentarios:

Mater mater dijo...

Y si el presente está en los árboles?

Amalia dijo...

Todo son formas de verlo jajaja