miércoles, 29 de diciembre de 2010

Atrevido

Él.
El mago
que consigue lo
que nadie más logró,
el que inventa una nueva
forma de enfadarte. De ponerte
nerviosa como nadie lo hizo. Por accidente.
El mismo accidente cruel que le da poder sobre ti.
¿Desde cuándo un pincel tiene poder sobre un pintor?
¿Desde cuándo una humilde pluma sobre un escritor, y un piano
sobre un pianista? ¿Desde cuando la obra creada confunde los sentidos
de su legítimo creador? ¿Cuándo intercambiásteis los papeles? Sí. Es él. Toda
la culpa es suya. Tiene que serlo. ¿Cómo sino se explica ésta locura? Sólo con él.
con su presencia. Su traición. Su malvada insubordinación que ha cambiado los papeles.
Lo ha descolocado todo. Su magia no tiene sentido. Entonces, ¿para qué sirve ahora el mago?
No sirve. Es eso. Es un mago inútil cuyo baúl ya no tiene doble fondo. Cuyas manos suaves ya no engañan al observador. Y sin embargo, lo ha logrado, por que ahora tú eres el observador,
y él es el observado. Tan rápido. Tan hábil. Tan valiente. Tan ladrón, que te robó
hasta lo que es tuyo. Lo que tú no puedes escoger, porque vive contigo.
¿Cómo pudo robárlo? ¿Cómo pudo hacerlo? Tal vez fue más
inteligente que tú. No, eso es imposible. Es tu creación.
Tal vez sea por eso. Porque tú le hiciste mejor.
Todo lo que tú no eras. Todo lo que no
serás. Porque él sí salta al vacío.
Él sí se atreve. Él ya se
ha atrevido.
Él.

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