miércoles, 29 de diciembre de 2010

Atravesado

Invierno. Hace frío y sientes miedo, pero sabes que pronto vendrá la primavera. Aquello que él llama esperanza impide que te rindas. Lo sientes dentro de ti, pero aun no es momento de que el mago salga. Y así, llega el cambio de estación. Con los ojos cerrados lo escuchas. A él, que consigue lo que nadie más logró. Enciende en ti la valentía perdida. Lo buscas. A tus pies: únicamente el vacío. Inventa una nueva forma de enfadarte. A tu espalda: todo lo que has dejado atrás. Te pones nerviosa. De frente al fin puedes verlo, por accidente. Está pobremente escondido: lo que deseas alcanzar. Le ha dado poder sobre ti, también por accidente. Lo has visto tantas veces, que tendría que ser sencillo... Sientes cómo el aire se levanta: es el momento indicado, ahora puedes saltar. Pero no lo haces. ¿Desde cuándo un pincel tiene poder sobre un pintor? ¿Desde cuándo una humilde pluma sobre un escritor, y un piano sobre un pianista? ¿Desde cuando la obra creada confunde los sentidos de su legítimo creador? ¿Cuando intercambiásteis los papeles? Sí. Es él. Toda la culpa es suya. Aunque sabes que el viento te hubiera ayudado a volar. ¿Cómo se explica ésta locura? Sólo con él. Con su presencia. Su traición. Su malvada insubordinación que ha cambiado los papeles. Y la ves allí, al final del camino. Y escuchas, de nuevo, los susurros. La gloria. Es tuya, sólo tienes que cogerla. Pero nunca la cogerás. Lo ha descolocado todo. Su magia no tiene sentido. Entonces, ¿para qué sirve ahora el mago? Es hoy. Sí. Hoy no sirve. De nuevo, es eso: el mismo principio. Es un mago inútil cuyo baúl ya no tiene doble fondo. Cuyas manos suaves ya no engañan al observador. Vuelve a ser invierno. Y sin embargo, lo ha logrado, por que ahora tú eres el observador, y él es el observado. Y no sabes cómo se sube una escalera que está al revés. Y él... Tan rápido. Tan hábil. Tan valiente. Tan ladrón, que te robó hasta lo que es tuyo. Lo que tú no puedes escoger, porque vive contigo. ¿Cómo pudo robárlo? Tal vez, sea el momento de que tú te pongas al derecho. ¿Cómo se hace? ¿Cómo pudo hacerlo? Tus pasos son más lentos cuando caminas como es debido. Tal vez fue más inteligente que tú. No, eso es imposible. Es tu creación. Tal vez sea por eso. ¿No? Pero el tiempo pasa a la misma velocidad, para los dos. ¿Cómo podrás hacerlo? No llevas la cuenta de la distancia recorrida. Tampoco sabes lo que te queda por andar. A tus pies sigue estando el vacío, y nunca lo alcanzas. ¿Lo alcanzarás alguna vez? Si lo logras, ¿podrás saltar? Sabes que no. Entonces, ¿por qué sigues buscando lo mismo? Sabes que es una búsqueda que jamás podrás terminar. Porque es tu creación y tú le hiciste mejor. Todo lo que tú no eras. Todo lo que no serás. No hasta que te atrevas. Hasta entonces, tus pasos carecen de sentido. Gastas energías para no avanzar. Pero no te dejan quedarte quieto. El mundo no puede pararse, ni tú te puedes bajar. Así que sigues buscando lo único que te completará. Por si acaso lo consigues. No: porque él sí salta al vacío. Él sí que se atreve.... Él ya se ha atrevido. Sin perder eso que llaman esperanza. Él. Sin perderlo nunca más.

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