miércoles, 28 de abril de 2010

Leyendas

Le miro, y noto el peso invisible que carga. Un peso que él se ha impuesto, que se remonta a las leyendas.
Su fuerza va más allá de los músculos. Nada le importa salvo conseguir su meta, una meta que no tiene muy clara.
Arrastra a otros consigo, los lleva hacia la batalla. Odiado y admirado, temido y amado. No hace caso a los mortales, pues no es ese su destino. Está destinado a cosas grandes, hazañas importantes de discutida repercusión.
Pasa ante mí y se hace evidente que el mundo es pequeño para él. La distancia nos separa incluso cuando nos rozamos. Me mira sin verme, preparado para cualquier peligro que algún día llegará y le pillará desprevenido.
Las guitarras tocan su historia. La batería es sólo su escudo. La voz es su lanza. Él es mi Alejandro Magno. Y no se parece tanto al de la leyenda.




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