jueves, 29 de abril de 2010

Yoyyomismo.

Sólo era una niña cuando comprendió que el mundo se regía por las extrañas leyes del yoyyomismo. El yoyyomismo estaba por todas partes: en el hombre con cinco hijos que saltaba desde un tejado, y en el empresario avaricioso que se enriquecía bajo las ventajas de la deslocalización. El mundo era una mierda, pero nada importaba si practicabas el yoyyomismo. Claro que, entonces, ella no lo expresaba con esas palabras.
A medida que fue creciendo, encontró nuevos e indefinidos límites para el yoyyomismo, extremos que jamás había imaginado y que nunca podría comprender. A sus dieciséis años, el yoyyomismo estaba extendido como una plaga entre su sector social. Y para ella todos eran un atajo de idiotas cuya cabeza estaba sobre sus hombros por simple cuestión de estética.
Era la primera en salir cuando sonaba el timbre, con la mochila al hombro y su mp4 en la mano. No quería mezclarse para no tener que escuchar conversaciones yoyyomistas, así que bajaba rápido las escaleras para ser la primera en cruzar, y coger el autobús.

***

Marcus era un yoyyomista declarado de esos que pasean con gafas de sol y gorra, arroyando a cualquiera que vaya en su misma acera. Siempre tenía demasiada prisa como para ayudar a una señora cuya bolsa se había roto, y ya no digamos para ayudar a cruzar a un hombre ciego, con el imperdonable pecado de ser lento.
A sus veinte años, la calle era suya, el mundo era grande, y las chicas se fijaban en él por sus ojos azules y sus rizos negros. Todo lo que siempre le había importado era suyo, y por eso el equilibrio del mundo era justo.
Acostumbraba a cruzar a la misma velocidad con la que caminaba por la acera, y eso se aplicaba también a las frecuentes ocasiones en las que iba en monopatín.
Un día, un conductor yoiyoyista decidió no frenar en el cruce de la esquina de un colegio, porque su reloj indicaba que llegaba tarde. Al mismo tiempo, Marcus decidió no frenar, porque la ausencia de semáforo significaba para él que tenía preferencia.
El monopatín de Marcus siguió rodando por la carretera, a pesar de que su dueño yaciera en el suelo, sujeto por unos brazos inertes, femeninos, que antes habían sujetado una mochila y un mp4.

***
Ella era la primera en cruzar y en coger el autobús. Siempre que no se cruzara en su camino un gilipollas en monopatín.
El mundo se rige por las extrañas leyes del yoyyomismo, que alargan el tiempo de vida de aquellos que practiquen su ideología.

4 comentarios:

helena dijo...

amaliaa!... me encanta el giro que le has dado a tu blog... muy tragico esto pero me encanta! por cierto hoy y aqui no viene a nada... pero ... te quiero muuucho enanaa!

Amalia dijo...

Tenía que escribir alguna historia, ¿no crees? Bah, mejor dicho: ponerla aquí xD Que Clara ya se cansa de leerlas xD

Muchas gracias, aunque ya la había publicaod hace tiempo y no sé por qué la comentas como si fuera algo muy nuevo xD

Y sí, muy trágico esto y todo el blog.... el optimismo a la hora de escribir no es lo mío xD Bueno, y en general tampoco.

Gracias otra vez, y yo tambiñen te quiero =)

Anónimo dijo...

x que estaba en la nueva etqueta de historias que antes solo tenias una y no se por qué esta justo no la había leído y me gustó mucho... xDD

Amalia dijo...

ah ya!
es que dividi el blog en dos secciones para que esté más organizado xD Pero vamos, que eso, que la entrada es antigua xD

gracias^^